Las 7 claves que casi todos ignoran y el súperpoder que ninguna máquina te podrá copiar.

El viernes saliendo de entrenar entendí algo.
Sí, justo en ese momento en que uno sale por la puerta asada de calor y sudAAAAaanndo, pero con el abrigo puesto hasta la nariz, no vaya a ser que una corriente de aire me deje sin poder seguir traduciendo Klingon.
Lo entendí.
Más que entenderlo, se me abrió el cielo.
Ya no tenía dudas.
Mientras caminaba hacia casa recordé una frase de Mark Twain que llevo en una libretita en el bolso:
“Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerse y reflexionar.” — Mark Twain.
Es mi recordatorio para cuando me doy cuenta de que estoy ahí, con todos. En ese momento comienzo a sudar tanto como cuando salgo de entrenar, y paro.
¿Por qué sudo cuándo me descubro en el lado de la mayoría?. ¿Por qué suele haber una mayoría?.
Pues bien, esto es exactamente de lo que te vengo hablando en estas últimas newsletters. De ese punto crítico que es perder la capacidad de decisión aunque creas que elegir la tosta con aguacate en vez de con ibérico es estar decidiendo.
No lo haces, mi niño lindo. No lo haces (yo incluida en el pack de 6 yogures, no vaya a ser que 3 no cuadren).
Soy de la generación que pasó por el insti en los 90. La generación que no tenía internet sino anuncios en la tele, revistas, los recortes de la Superpop como forro de carpetas y vallas publicitarias. Las modas iban muucho más lentas, pero iban.
Lo recuerdo perfectamente: llegó Panama Jack al mercado. Yo me compré las amarillas de caña baja. Primer día de insti con ellas puestas, lo más bonito que me dijeron fue: “¿Cuántas papas recogiste hoy?”. Un mes después, un famoso las sacó en un anuncio y… sorpresa. Mirabas al suelo y todo el mundo se había apuntado a recoger papas.
Entonces era moda a través de anuncios. Hoy es la IA a través de algoritmos. El mecanismo cambió, el resultado no.
Hoy ese fenómeno se ha potenciado. La IA y las redes sociales se encargan de crear personas que creen que eligen sus estilos de vida, su alimentación o sus opiniones. Pero al final vestimos todos iguales, comemos las mismas cosas, deseamos lo mismo.
¿Cuántas decisiones estás dejando que la IA y las redes tomen por ti sin darte cuenta?
Aquí viene lo importante: cada vez que abres ChatGPT, Claude o la IA que sea, y comienzas a trabajar con ella tal cual vino a este mundo, no estás usando la IA. Ella te está usando a ti. Y aquí es donde la mayoría se pierde.
Si eres de los que también se compraron unas Panama Jack o usan la IA sin ton ni son, muévete. Hay una salida. Y es más fácil de lo que piensas.
Vamos a ver cómo entrenarla. No para que sea más lista, sino para que deje de ser una ROOMBA dando vueltas por el salón, sepa CÓMO eres tú y lo tenga en cuenta para siempre. Si no la configuras tú, la configura un ingeniero de Silicon Valley por ti. Así de crudo.
Un apunte antes de empezar: voy a enfocar los ejemplos en Claude, porque hoy por hoy es la que mejor escribe. Pero no te despistes: en el fondo, todas las IA son como los políticos, los mismos perros con distintos collares. Lo que aprendas aquí te sirve igual para ChatGPT o para la máquina que uses.
Aquí vienen las 7 claves que cambian todo
Clave 1. Ser o no ser (Las Instrucciones Personalizadas)
Deja de pedirle cosas como si no se conocieran. Dile quién eres tú, tu proyecto y a quién ayudas. Dos o tres frases directas bastan. Claude calibra y cambia por completo el marco de referencia de sus respuestas según a quién cree que habla. Es lo que hacemos todos, ¿o acaso tú le hablas igual a tu pareja que al panadero?
Clave 2. La lista negra (Lo que NO quieres)
Este es el consejo que más impacto inmediato tiene. ¿Frases que te hacen dejar de ser un ser de luz? Escríbelas y prohíbelas.
Aquí van tres ejemplos reales de lo que detesto:
- “No empieces nunca con ‘¡Buena pregunta!’” — Esa frase me hace cerrar el portátil. Es condescendiente, suena como si acabara de hacer un descubrimiento científico cuando solo pregunté la hora.
- “No uses frases como ‘en el acelerado mundo actual’ o ‘en estos tiempos que corren’” — Son muletillas de manual corporativo. Muertas. Vacías. Mátalas.
- “No hables como si te hubieras tragado el merchandising de Mr. Wonderful” — Si vuelvo a ver “sé la mejor versión de ti mismo”, me tiro por un barranco.
Pruébalo: Abre las Instrucciones Personalizadas en tu IA. Escribe 3 frases que sacarían a tu Chucky interior. Cuanto más específico seas con los clichés que detestas, menos tiempo dedicarás a editar resultados después. Menos trabajo tuyo; más trabajo de la máquina.
Clave 3. Soberanía Digital (El control de tus datos)
Entra en los ajustes de privacidad y configura el entorno para que la máquina NO entrene sus modelos con tus contenidos. Tus experiencias valen dinero; no se las regales gratis a una multinacional.
Si usas ChatGPT Plus, ve a Configuración > Controles de datos > desactiva “Mejorar el modelo para todos”.
Si no lo haces, tus conversaciones entrenan a la IA que usan otros. Mientras hablas con ella, ella aprende de ti. Y vende lo que aprende. Como ha sido Internet toda la vida, ¿o quién crees tú que le da de comer a los buscadores?. Tú puedes elegir no ser el menú.
Clave 4. Enséñale quién manda en tu corral (El mapa de tu ecosistema)
Indica qué herramientas forman parte de tu día a día en una sola línea: WordPress, Canva, Google Workspace, Moodle, Notion… Así, la IA adaptará sus recomendaciones y ejemplos a tu realidad, no a plataformas que ni conoces. Evitarás que te sugiera flujos de trabajo de Notion cuando tú usas Obsidian.
Clave 5. Córtale el rollo antes de empezar (El límite de extensión previo)
Las máquinas tienden al exceso. Antes de que empiece a escribir, ponle una frontera clara: “Desarrolla esto en un máximo de tres párrafos”. Obliga a la IA a ir al grano. Ahorra lectura.
Clave 6. Ponle el disfraz antes de salir al escenario (La asignación de rol)
No le preguntes a la nada. Dile: “Actúa como un realizador audiovisual veterano” o “actúa como un docente de secundaria en su peor día”. El contexto de rol cambia completamente la perspectiva del resultado.
Clave 7. Sintonízale la emisora (El formato y tono de salida)
No le pidas “un texto formal y profesional” porque te escupirá un manual infumable. Pídele: “Texto en castellano básico, directo, sin rodeos. Organiza en tablas limpias o viñetas. Que trabaje la IA, no tu vista.”
BONUS TRACK: No le sueltes todo el camión encima (Apila tus instrucciones)
Las instrucciones de perfil son tu sistema operativo (quién eres, cómo trabajas). Las instrucciones de proyecto son la app que estás ejecutando ahora (una newsletter, una propuesta de cliente). Ambas se apilan. No repitas lo global en cada chat. Puedes usar esto en Claude, ChatGPT y NotebookLM.
Si no encuentras dónde está todo esto, responde a este correo y te envío un pantallazo (humano, no robótico) o te hago un vídeo que no un Cola Cao.
Recuerda: tú eres el director de esta película.
Todo esto está súper bien, pero configurar la IA es sólo el 20% del trabajo. Esto apenas es el comienzo.
El verdadero rock and roll empieza cuando apagas la configuración técnica y enciendes lo único que una máquina jamás podrá copiar: tu capacidad para contar historias. Tu trayectoria. Tu experiencia. El superpoder del storytelling humano.
De cómo usar esa máquina —ya optimizada— para estructurar historias memorables que enganchen a tus alumnos o clientes, hablaremos el próximo domingo.
El Radar de Zeneida
Lo que se cuece.
Se habla mucho del miedo a que la IA sustituya a los creadores de contenido. El verdadero peligro no es que la máquina sea creativa; el peligro real es que nos estamos volviendo tan predecibles, clónicos y aburridos que la máquina nos puede copiar fácil.
Si escribes como un robot de manual, no te quejes si te sustituye un algoritmo de tres al cuarto. La única vacuna es meter tu historia, tus cicatrices y tu forma de ver el mundo. Eso no se entrena en un servidor de Silicon Valley. Eso se vive.
Mundo curioso
Cosas que existen y que igual no sabías.
Google presentó “Project Astra”, un asistente de IA que puede ver lo que tú ves en tiempo real a través de la cámara de tu móvil. Esto se está empezando a aplicar a terminales como el Samsung Galaxy S25 y el Google Pixel 9.
No es ciencia ficción. Es ahora. Puedes mostrarle un objeto y te dice qué es, cómo funciona o dónde comprarlo. Imagina a un docente usando esto en clase. Imagina también qué significa que Google vea TODO lo que tú ves.
Soberanía digital. Configurar. Controlarse a uno mismo. Estas newsletters son sobre eso.
Cacharreo de la Semana
Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.
Notebook LLM — Sí, es de Google (sé lo que estás pensando tras leer lo de arriba), pero tiene un pase: te permite subir tus propios PDFs o apuntes y montar un cerebro artificial privado. Lo bueno es que, al menos sobre el papel, trabaja solo con las fuentes que tú le das y no las usa para entrenar sus modelos públicos. Ideal para docentes que quieren estructurar temarios sin inventos, o para profesionales que necesitan exprimir informes de clientes sin que esos datos acaben alimentando a la gran máquina. Ponle tus papeles y que trabaje ella, pero con un ojo abierto.
La he estado usando estas últimas semanas y te aseguro que es muy interesante y con muchas posibilidades. Tanto, que le estoy dando vueltas a preparar un curso práctico para enseñarte a exprimirla de verdad, sin rodeos técnicos ni tonterías. Ya me dirás si te interesa. Échale un vistazo
La Píldora Práctica
Un reto para los próximos siete días.
No te voy a pedir que medites. Haz la prueba: la próxima vez que vayas a usar la IA, fuerza el hábito de cortarle el rollo antes de darle al enter. Úsale la frase de control de extensión o el tono de salida. Rompe la inercia de aceptar el primer bloque de texto macizo e infumable que te escupa la máquina. Observa cuántos minutos de edición te ahorras.
Eso es mandar tú. Eso es soberanía digital en la práctica.
Nos leemos el domingo que viene a las 20:20.
La próxima semana: Storytelling. Lo que las máquinas nunca podrán hacer, aunque lo intenten.
Si algo de esto te removió por dentro (para bien o para mal), responde a este correo. Te leeré.
Y ya sabes: no me creas. Compruébalo.
Zeneida
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Esto es Educantech. Tecnología explicada para humanos, no para el Dr. Spock y su tripulación.
