
Por estos lares todo el mundo miente. O posturea. O te cuentan a medias a ver si pueden meterte la mano en la cartera.
No estoy aquí para ser tu nueva gurú (Dios me libre). No me las sé todas. Y, sinceramente, desconfía de cualquiera que te diga que sí se las sabe todas. En la tecnología, mentir viene de fábrica.
De ahí el asunto de este correo: no deberías creerme. Cuestiona, contrasta, duda. De mí la primera. Es la única forma de no acabar pareciendo un idiota.
Te cuento una verdad incómoda.
Hubo un tiempo en que trabajaba más que vivía. 16 horas al día entre pecho y espalda. De lunes a lunes. Así durante siete años.
Por allá por 2013. Tenía mi propia empresa, varios proyectos sobre la mesa y la estúpida creencia de que si paraba un segundo, el mundo se desinflaba. Al final, la que se desinfló fui yo. Mi cuerpo dijo «hasta aquí, colega», cerré el kiosco y me largué cinco meses muy lejos de aquí. Sin plan. Sin wifi. Sin la maldita necesidad de acumular proyectos para sentirme importante.
Allí, en medio de ninguna parte y subida a la moto de Mr. Tu (un easy rider de pura cepa), lo vi claro: la tecnología me había devorado. Como Saturno a sus hijos. Me daba de comer, sí, pero a cambio de mi salud, mi vida y mi criterio. Me había convertido en su empleada del mes.
Volví y corté por lo sano. Aprendí a decir que no, mandé a paseo a clientes tóxicos y decidí usar las máquinas sin dejar que me usaran a mí. Sobre todo, dejé de escuchar a los profetas del apocalipsis que te exigen estar al día de cada novedad absurda, como si la vida ocurriera detrás de una pantalla.
Pero este entorno no frena. Y a veces, yo también bajo la guardia. Sin darme cuenta, vuelvo a caer. Enciendo el ordenador, y ahí está, esperándome.
Le lloras a la “ChatiGPT” —bueno, a la Chati no, que es muy cursi y vive en el estómago de un unicornio rosa; yo soy más de Claude—. El caso es que le lloras un lunes porque estás cansada, repites el martes por pura pereza, y el jueves ya estás metida en la madriguera. Entregada a los hombres grises. Dejando que tu tiempo y tu criterio se los robe un algoritmo que, literalmente, es tan listo como una piedra pero tiene mejor vocabulario que tú.
Y ahí es donde te conviertes en esclava. En un hámster en la rueda digital.
El antídoto no es volverse ermitaño y mudarse a una cueva. Eso es de cobardes. El antídoto es entender de qué va esto. Saber qué preguntarle a la máquina, cómo ponerla en duda, cómo configurarla y, sobre todo, tener la decencia de apagar la pantalla cuando toca.
A eso lo llamo Soberanía Digital. Y de eso, entre tantas cosas, pienso hablarte aquí cada domingo. Sin filtros.
El Radar de Zeneida
Lo que se cuece.
Los clones de voz ya están aquí. Seguro que has visto esta semana el enésimo vídeo de una IA hablando por teléfono con una naturalidad que asusta, respirando y riéndose como si fuera humana. Traducción: prepárate para que te intente estafar un robot con la voz clavada a la de tu cuñado, tu jefe o Brad Pitt (esto ya pasó). Si te piden dinero por nota de voz, desconfía. La realidad ya no es lo que ves, es lo que eres capaz de verificar. No es miedo: es estar despierto.
Cacharreo de la Semana
Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.
Parseur: Es mi «cortita y al pie» favorito para documentos. Le das un PDF, un Excel o un email y él solito te saca los datos que necesitas. ¿Eres docente? Imagínate escanear 30 hojas de cálculo con las notas de final de curso y que te devuelva un Excel lindo, lindo. Es como un becario pero sin nómina. Pruébalo.
La Píldora Práctica
Un ejercicio “mindfulness” para los próximos siete días.
Cada vez que leas una noticia “nosvamosamorirtodosmañanamismo” sobre IA o tecnología, pregúntate: “¿Esto es una verdad real o una milonga con fecha de caducidad?”.
Si te cuesta ver la diferencia, dale a “Responder” a este correo y lo destripamos juntos.
Sin humo. Sin dramas. Y sin necesidad de gustar a todo el mundo.
Nos leemos el domingo que viene a las 20:20.
Traeré café (de especialidad, no vaya a ser) y una historia sobre cómo te están robando algo valioso sin que te des cuenta. Y no, no tiene que ver con tu cuenta del banco. Aunque de esto último también hablaremos. Y del nuevo dinero. Y te va a incomodar.
Zeneida
Esto es Educantech. Tecnología explicada para humanos, no para el Dr. Spock y su tripulación.
