¿Eres más de prompts o de patio de vecinos?

Entender a la «ChatiGPT» es fácil. El verdadero superpoder es comunicarse con el otro.
promptsovecinos

En una semana empiezo a impartir un curso de Inteligencia Artificial.

Mientras lo monto en la plataforma, pienso que habrá gente que crea que va a aprender prompts. Otros creerán que van a dominar a la “ChatiGPT”. Otros que verán la luz.

Yo espero que ocurra otra cosa.

Espero que salgan haciendo más preguntas de las que tenían cuando entraron. Que cuestionen más. Que se cuestionen. Que me cuestionen.

Porque una herramienta cambia cada seis meses. Una forma de pensar puede acompañarte toda la vida. Por eso es tan importante quién influye en ella: el sistema educativo, los medios de comunicación, los políticos… y, cada vez más, los algoritmos.

Pues bien. Hace unos días me escribió una exalumna para preguntarme si iba a impartir algún curso presencial. De su email no me llamó la atención lo del curso presencial (que cada vez cuesta más llenarlos y, en mi opinión, es una pena).

Lo que más me llamó la atención no fue eso.

Fue una frase que dejó caer como si nada:

“Educantech me hace reflexionar y cuestionarme cosas.”

Me quedé pensando a la par que me ilusionó mucho.

Porque yo nunca me había propuesto enseñar a cuestionar.

Yo solo intentaba explicar tecnología para que se entendiera. Traducir del Klingon al humano.

Pero quizá ahí ha estado siempre mi error o el despiste que suelo llevar encima. Sobre todo en relación a mi influencia sobre las personas.

Explicar no basta.

Lo difícil no es entender ChatGPT. Lo difícil es preguntarte por qué aceptas tan rápido lo primero que te dice. O lo primero que te digo yo.

Curiosamente, cuanto más hablo con ChatGPT y familia, más claro tengo que el problema nunca fue la máquina.

Siempre fuimos nosotros.

La IA solo ha puesto un espejo delante de nuestra forma de comunicarnos.

Porque, de repente, nos hemos dado cuenta de algo incómodo: muchas veces ni siquiera sabemos explicar bien lo que queremos.

Ni a una inteligencia artificial.

Ni a nuestra pareja.

Ni a un compañero de trabajo.

Ni siquiera a nosotros mismos.

Es como la famosa escucha “activa”, que suele tener de activa lo que yo de rubia finlandesa.

– “¿Qué tal?”

– “Bien.”

Mentira.

– “Tenemos que hablar.”

Tres palabras. Treinta interpretaciones.

– “Haz lo que quieras.”

Todos sabemos que no significa “haz lo que quieras”.

Eso es comunicación.

No son las palabras. Es el significado.

Con la IA ocurre exactamente lo mismo.

Nos obsesionamos con escribir mejores prompts cuando, en realidad, llevamos años comunicándonos regular con los seres humanos. La diferencia es que una persona suele hacer el esfuerzo de interpretarte.

Una máquina no.

Te devuelve exactamente el nivel de claridad con el que tú pensaste.

La IA no ha inventado un problema nuevo. Solo ha hecho visible uno muy antiguo.

Creemos que comunicar es hablar, cuando en realidad comunicar es conseguir que el otro entienda lo que queremos decir.

Y es que después de tantos años dando clase me he dado cuenta de una cosa:

Los alumnos casi nunca recuerdan la explicación.

Recuerdan cómo les hiciste sentir cuando por fin “pillaron wifi”.

Quizá comunicar conscientemente no consista en hacerte 3 cursos de mindfulness y otro de yoga, sino simplemente en elegir mejor las palabras.

Ser conscientes del efecto que provocan.

Y es que aquella alumna no recordaba un prompt.

Ni una herramienta.

Ni un ejercicio.

Recordaba cómo esas clases le hicieron mirar la tecnología de otra manera.

Vivimos obsesionados con aprender a escribir mejores prompts (que es importante), pero creo que antes deberíamos aprender a hacer mejores preguntas.

A escuchar mejor.

A interpretar mejor.

A pensar mejor.

Porque la Inteligencia Artificial no va a sustituir nuestra comunicación. Pero sí puede anestesiarla si dejamos de prestar atención.

Comunicar conscientemente no consiste en hablar más. Consiste en conseguir que el otro entienda lo que realmente querías decir. Porque esa habilidad sirve para hablar con tu pareja.

Con tus hijos.

Con tus alumnos.

Con un cliente.

Con una IA.

Y, sobre todo, contigo mismo.

Recuerda. No me creas. Compruébalo.



El Radar de Zeneida

Lo que se cuece.

Hay una obsesión ahora por “hacer prompts perfectos”.

Ingeniería de prompts. Especialistas en prompts. Cursos de prompts. Peluquero de prompts. Coach de prompts. Gurú de prompts, … aunque seguimos sin saber pedir perdón sin poner un “pero” después.

Mientras tanto el mundo aprende a escribir mejor para las máquinas. ¿Quién te está enseñando a comunicarte mejor con otras personas?

Porque eso es lo que comienza a faltar. Un buen curso de comunicación de patio de vecinos. Eso sí que es un máster en comunicación de verdad. Y es justo lo que la IA nunca podrá hacer por ti.


Mundo curioso

Cosas que existen y que igual no sabías.

Un estudio de neurociencia realizado por investigadores de Japón en 2015 demostró algo fascinante:

Cuando alguien se siente realmente escuchado durante una conversación, el sistema de recompensa de su cerebro se activa como si le hubiera tocado la lotería (porque, vamos a ser realistas, que te escuchen de verdad hoy en día es casi un premio gordo).

No es metáfora. Es biología real.

El estudio, publicado en la revista Social Neuroscience, analizó mediante resonancia magnética lo que sucede en el cerebro cuando percibimos que alguien nos escucha de verdad. De la buena.

El resultado fue claro: se activan las áreas del cerebro vinculadas al placer y la recompensa.

Eso significa que comunicar conscientemente no es un lujo místico. Es un acto de salud.

Por eso la gente recuerda cómo la hiciste sentir. Porque la escucha real cambia el sistema nervioso de quien la recibe.

La máquina no puede hacer eso.

Tú sí.

Referencia: Kawamichi et al. (2015) en Social Neuroscience


Cacharreo de la Semana

Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.

Esta semana tampoco te recomiendo una app. Te recomiendo dos charlas TED cortitas que son canelita en rama.

  • La primera de Julian Treasure, experto en comunicación y sonido.
    Su charla lleva años en el top 10 de la plataforma por una buena razón:

    👉 ¿Cómo hablar para que la gente quiera escucharte?
    Treasure identifica los 7 pecados capitales del habla (chisme, juicio, negatividad, quejas, excusas, exageración y dogmatismo) y nos regala 4 pilares para hablar de verdad bajo el acrónimo HAIL (Granizo en inglés, pero que aquí significa: Honestidad, Autenticidad, Integridad y Amor/desear el bien). Lo mejor que dice es esto: “Oír es una capacidad. Escuchar es una habilidad que puedes practicar”. Míratela, son solo 10 minutos. Ver vídeo.
  • La segunda, es de Brené Brown una docente e investigadora, y es una joya andante. Su charla cambió las reglas del juego:

    👉 El poder de la vulnerabilidadBrené nos deja claro clarinete que la vulnerabilidad no es debilidad; es el núcleo para lograr una conexión humana auténtica. Nos enseña a dejar de ser insensibles ante el entorno y a comunicarnos con el corazón expuesto, sin trampa ni cartón. Si quieres que tus mensajes calen en el otro, tienes que empezar por ahí. Ver vídeo

(Nota: Los vídeos se pueden configurar con subtítulos en español).


La Píldora Práctica

Un reto para los próximos siete días.

Esta semana, antes de dejar que la máquina piense por ti, haz este experimento:

La próxima vez que le vayas a pedir un texto, un correo o una unidad didáctica a ChatGPT o Claude, no uses una plantilla copiada de internet. Haz esto:

Escribe el prompt explicando tu contexto real, con tus imperfecciones:

“Mira, tengo un grupo de alumnos que están más aburridos que ver secar la pintura y necesito explicarles X cosa usando un ejemplo que les toque la fibra…”

Obliga a la IA a hacerte preguntas antes de escribir: Termina tu comando con esta frase exacta: “Antes de generar nada, hazme las 3 preguntas que necesites para entender mejor qué tono, qué experiencia o qué matiz exacto quiero transmitir”.

Observa lo que pasa cuando obligas al algoritmo a escucharte a ti en lugar de tú adaptarte a él. Eso es obligar a la máquina a buscar tu significado.

Nos leemos el domingo que viene a las 20:20.

La semana que viene volvemos a cacharrear un poco. Porque esto de jugar a filósofa tecnológica está muy bien… pero también hay que mancharse las manos.

Y sí, el tema del dinero sigue en el horno. No me he olvidado. Lo estoy cocinando a fuego lento pero sin pausa porque está muy candente aunque no salga en los telediarios.

Si algo de esto te removió por dentro (para bien o para mal), responde a este correo. Te leeré.

Y ya sabes: no me creas. Compruébalo.

Zeneida

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