Lo que te robaron entre reel y reel (y no, no es dinero)

Por qué el algoritmo es tu nuevo camello de dopamina y cómo dejar de ser su cliente favorito.
loquetereobaron


Abres Instagram (o la que esté de moda esta semana) para ver ese vídeo que te envió tu colega y que “solo” dura 10 segundos.

40 minutos después, sigues ahí.

Ya viste a un perro esquiar, te tragaste lo último de Bad Bunny —y por pura repetición empiezas a entender qué dice—, guardaste tres recetas para la airfryer, aprendiste dos rutinas de skincare y un millonario de veintialgo te explicó cómo ser rico antes del jueves. Y cuando sales, no sabes ni cómo te sientes.

Sí. Te volvieron a robar.

Y la culpa no es tuya (ya sabemos que la culpa siempre está fuera. No vaya a ser que quieras ser libre).

Fue el algoritmo.

Ese camello de dopamina que a cambio de nada te quita la capacidad de estar presente, de prestar atención a una sola cosa más de cinco minutos y tu bien más preciado: el tiempo. El del ocio, el de aburrirse, el de la pausa. En resumen: la vida.

Tu cuenta corriente sigue intacta, pero tu tiempo cotiza en números rojos. Eres el preso perfecto de los hombres grises.

Vivimos obsesionados con que los adolescentes no se concentran. Si somos docentes, buscamos la última aplicación de moda para molar y captar su atención (el oro de nuestra era). Pero la realidad es más cruda: el sistema está diseñado para que ni ellos ni nosotros podamos mantener el foco. Es una guerra por nuestro tiempo y la estamos perdiendo por goleada.

El dato de trinchera

En el email anterior te hablé de los hombres grises. Salen en Momo, el libro de Michael Ende, y te roban el tiempo diciéndote que lo ahorres. El mismo eslogan de las Big Tech. Ende, un visionario.

Hoy, esos hombres grises viven dentro de tu pantalla. No fuman puros ni llevan sombrero. Se llaman algoritmo de recomendaciones, scroll infinito, “solo un minuto más”… y se comportan como ese nuevo ligue en el que no puedes dejar de pensar. Su único objetivo es que seas feliz para siempre. O eso dicen.

Porque, ya se sabe: una persona aburrida es una persona peligrosa. No vaya a ser que le dé por pensar de forma crítica. Sí, ese pensamiento crítico que el sistema educativo ya se encarga de ir limando.

Los algoritmos hacen todo lo posible por mantenerte en el ruido. Ruido bonito, entretenido, a veces hasta útil. Pero ruido. Y entre ruido y ruido, se te fue tu mejor idea. Esa que nunca nació porque el ruido la asfixió.

La conexión incómoda

La mayoría de la gente que conozco —y me incluyo— no es consciente de cuánto le roban los algoritmos hasta que se mide. El tiempo de uso, claro está.

No uses el móvil para medir tu enganche al móvil. Eso es como pedirle a un político que cuide de tus finanzas.

Hazlo como toda la vida. Manualmente. Una sola tarde. Apunta en un post-it cada vez que desbloquees la pantalla para mirar la nada.

Te llevarás una sorpresa. Y no te va a gustar. Te lo aseguro.

Guía rápida de sabotaje a los hombres grises. (Edición: Lunes por la mañana)

  1. Notificaciones fuera. No en silencio. Fuera. Deja solo las llamadas. Cada vibración es un hilo invisible que te saca de donde estás. Si algo urge, te llamarán. Como en 1998.
  2. El móvil en su sitio. Como el cepillo de dientes. Cuando lo necesitas, vas a por él. Cuando terminas, lo dejas. Ni en el bolsillo ni encima de la mesa. En su sitio. Punto.
  3. Escala de grises. Activa el modo monocromo en los ajustes de pantalla. Verás las redes sociales como una aplicación diseñada por un informático: sin brillo, sin gancho. Te sorprenderá lo rápido que pierden su poder.
  4. Primera hora sin pantallas (incluido TV). Lo primero que miras al despertar programa tu cerebro para el resto del día. Si es “nosvamosamorirtodosmañanamismo”, todo tu día será una telenovela turca. Café (de especialidad, no vaya a ser), ducha, desayuno. Después, bastante más tarde, tecnología.
  5. El post-it delator. Una tarde a la semana, apunta en un papel cada vez que mires el móvil. Solo una rayita. Al final del día, cuéntalas. El número te va a doler. Ese dolor es el principio del criterio.

Pero ya sabes: no me creas. Compruébalo.



El Radar de Zeneida

Lo que se cuece.

Microsoft y OpenAI encienden las alarmas. Han publicado un estudio donde confirman que el uso excesivo de IA generativa atrofia el pensamiento crítico. Traducción: cuanto más usas a la máquina como becario, más se apodera el becario de ti. Te cuesta pensar por ti mismo y eres más manipulable. Lo que te vengo contando. Sobre todo con la “ChatiGPT”, que te vuelve un nostálgico de Mr. Wonderful.

El ciberataque a Canvas. Unos hackers extorsionaron a la plataforma que usan casi 9.000 colegios en todo el mundo. Deajaron a docentes y alumnos compuestos y sin novio en plena temporada de exámenes. Canvas terminó pactando con los ciberdelincuentes para que borraran los datos robados y los profes puedan volver a hacer sus infografías infumables. Traducción: la nube no es mágica, es el disco duro de otro. Soberanía digital, ¿recuerdas?.



Cacharreo de la Semana

Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.

AutoShorts.ai: Una plataforma que automatiza canales de Shorts sin rostro con IA. De esos que salen como setas en redes. Por si no lo sabías, este es el nuevo negocio: vídeos sin cara que, si te lo curras un poco, te pueden retirar a una isla desierta. Si te interesa saber cómo funciona, responde a este email y lo tengo en cuenta para los próximos envíos.



La Píldora Práctica

Un ejercicio “mindfulness” para los próximos siete días.

De los cinco pasos de la guía de sabotaje, elige solo uno. El que más pereza te dé. Ese es el bueno. Empieza por ahí. Si te apetece contarme qué tal te va, responde a este correo. Te leo.


Nos leemos el domingo que viene a las 20:20.

La semana que viene traigo algo que igual te incomoda. O igual te libera. Depende de cuánto te guste la verdad. Y no desesperes. Ya llegará el tema del nuevo dinero.

Si algo de esto te removió por dentro (para bien o para mal), responde a este correo. Te leeré. Sin filtros. Sin humo. Sin dramas.

Y ya sabes: no me creas.

Disfruta de la semana y saboteen a los hombres grises.

Zeneida

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