Eres un impostor. Y lo sabes.

Por qué la IA te hace sentir como John Travolta en fiebre del sábado noche
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Hace un par de semanas, alguien me respondió al test del KIT de IA sin humo (el que obtienes si te suscribes) y, entre risas, me confesó que cuando terminaba de usar la IA se sentía como si se fuera a comer el mundo. Pero lo de ser más eficiente, como que no. Y así le iba.

Me reí. Agradecí la respuesta (no se imaginan lo que se siente cuando alguien reacciona a lo que escribes). Y luego me quedé dándole al disco duro.

Porque esa sensación tiene nombre. La de haber conquistado Roma sin salir de casa.

Se llama el síndrome del impostor al revés.

¿Conoces el síndrome del impostor de toda la vida? Ese que te susurra al oído que eres un fraude aunque lleves años haciéndolo bien. Pues esta es la versión chunga de verdad: la que te hace sentir un genio cuando no sabes ni por dónde te da el aire. La IA, sobre todo la ChatiGPT, es la mayor fábrica de impostores al revés que ha existido jamás.

Te lo explico con mi batallita de este domingo.

A finales de los 90 trabajé en una productora audiovisual. Un día me pidieron que interpretara a una paciente operada de miopía en un anuncio para una de las clínicas oftalmológicas más importantes de la ciudad. No había usado gafas en mi vida. Pero salí en cámara contando mi experiencia con una convicción que ni un político en campaña.

El anuncio quedó perfecto (faltaría más). La clínica encantada. Y yo creyéndome Meryl Streep.

El problema: no era Meryl Streep. Era Zeneida de Escaleritas, por una vez peinada, y con un guión escrito por Spielberg.

Eso es exactamente lo que hace la ChatiGPT y familia con nosotros. Nos da el guión. Nos ponemos delante de la cámara. Y salimos como John Travolta caminando por las calles en Fiebre del Sábado Noche.

El texto que genera suena escrito por Cela. El diseño parece hecho por un diseñador pro. El código que escribe parece de un ingeniero senior. Lo entregamos. Quedamos bien. Y para atrás que nos peinamos.

Hasta que alguien nos pregunta algo sobre ese texto. O ese diseño. O ese código. Y nos quedamos pescando.

Porque no sos vos, es el guión.

¿Y eso es malo?

Depende.

Si lo sabes, no. Estás usando una herramienta para producir mejor y más rápido. Como el carpintero que usa una sierra eléctrica sin saber fabricarla.

Si no lo sabes —o peor, si finges que no pasa nada— estás construyendo una identidad profesional con filtros de Instagram. Y los filtros no te los llevas puestos.

La pregunta no es exactamente esa. La pregunta es si sabes hasta dónde llegas tú y hasta dónde llega la IA.

El test de Milli Vanilly

5 preguntas sin anestesia.

  • Cuando la IA te genera un texto, ¿es tuyo de verdad?
  • Si alguien te pregunta por qué ese diseño, ¿en serio sabes por qué?
  • ¿Sabes identificar cuándo la IA derrapa?
  • Si mañana desapareciera la IA o fuera de pago (vete acostumbrando), ¿seguirías siendo igual de bueno en tu trabajo?
  • El resultado que entregaste, ¿lo firmarías como un arquitecto firma un plano?

Si alguna respuesta te incomodó, ¡¡genial!!. Significa que todavía tienes criterio.



El Radar de Zeneida

Lo que se cuece.

Los padres de la IA no le dicen a sus hijos que aprendan IA.

En febrero de este año, The Wall Street Journal preguntó a los principales ejecutivos de inteligencia artificial —incluyendo la cofundadora de Anthropic y la científica jefa de Microsoft— cómo ven esto del trabajo a futuro y qué le aconsejaban a sus hijos.

Ninguno dijo aprende a programar. Ninguno dijo domina la IA.

Qué les dijeron: pensamiento crítico (cada vez más escaso), adaptabilidad y habilidades humanas. Empatía. Comunicación. Saber tratar a la gente.

Traducción: los papás y mamás de la máquina saben exactamente lo que la máquina no puede hacer. Las emociones, la empatía, la conexión humana de verdad. Eso no se programa.

Pero cuidado. Aquí todo el mundo habla de IA y nadie habla de robótica. Y cuando la IA se meta dentro de un cuerpo físico — que ya está pasando — ese sí que va a ser el antes y el después de verdad. Para los humanos y para todo lo demás.

Tú ya tienes lo que importa. Solo tienes que no dejarte convencer de que no vale nada.

Contrástalo. O no. Tú decides. No me creas. Pero tampoco les creas a ellos. Verifica. Siempre. Empezando por mí.


Mundo curioso

Cosas que existen y que igual no sabías.

Humans Anonymous.

Es una web donde puedes dejar audios anónimos para hablar de salud mental con otros humanos. Sin nombre. Sin cara. Sin juicio.

Su premisa: lo de ser humano parecía más fácil. No estás solo.

Lo curioso: no existe nada parecido en español. Ningún espacio de audio anónimo entre iguales para hispanohablantes.

Alguien debería crearlo. Y si esa persona habla español, tiene comunidad y entiende la tecnología consciente… pues igual blanco y en botella.


Cacharreo de la Semana

Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.

Magic Eraser — Elimina objetos de tus fotos en segundos. Sin Photoshop. Sin saber de diseño. Seleccionas lo que sobra y desaparece. Gratis 40 borrados, luego a pagar y vete acostumbrando.

Copyleaks — Para los docentes que sospechan que ese trabajo tan bien redactado no es del todo del alumno. Detecta plagios y contenido generado por IA. Porque el impostor no siempre eres tú.

Brave — Este navegador es uno de mis “no puede faltar en mi dispositivo”. Bloquea publicidad y rastreadores por defecto. Rápido y estable. VPN y videollamadas propias. Tiene su propia cripto que te regala si soportas publicidad. Soberanía digital desde el primer clic.



La Píldora Práctica

Un ejercicio “mindfulness” para los próximos siete días.

Paso 1. Configura la IA para que sea lo más tú posible. Dile cómo te gusta que te hablen, qué tono usas, qué palabras te definen, …

Paso 2. Pásale algo que hayas producido esta semana y dile:

“Actúa como un revisor implacable. Dime qué partes suenan a hueco, qué argumentos no se sostienen y dónde estoy delegando mi criterio. Sé honesto, no me halagues.”

Luego lee la respuesta sin ponerte como un profe al que cuestionan.

Ahí está tu criterio. O la ausencia de él.

Si no sabes cómo configurar la IA, responde este correo y lo vemos juntos.


Nos leemos el domingo que viene a las 20:20.

La semana que viene traigo algo que igual te incomoda. O igual te libera. Y sí, el tema del dinero sigue cocinándose. Las cosas buenas no se apresuran.

Si algo de esto te removió por dentro (para bien o para mal), responde a este correo. Te leeré. Sin filtros. Sin humo. Sin dramas.

Y ya sabes: no me creas.

Disfruta de la semana y recuerda: el impostor más peligroso no es el que miente. Es el que se cree Meryl Streep.

Zeneida

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