La historia del dinero para gente que nunca estudió economía Parte 1

Cuando una cabra valía un saco de trigo
historiadineroparte1

¿Qué dirías si te dijera que formas parte de algo que se parece sospechosamente a un esquema Ponzi?

Que cada día trabajas para seguir dentro de ese esquema.

Que a veces haces verdaderas locuras por seguir dentro

Y que hay quien se deja comer por sus propios demonios por ese esquema.

Si aún no sabes de que te hablo.

Take it easy.

No es una estafa.

Aunque rima mucho.

Ha tenido forma de papel o metal pero, como todo, se está volviendo inmaterial y, curiosamente, ese estado sea el que mejor lo define.

Sí.

Estoy hablando del poderoso Don dinero.

Pongámonos en situación.

Hoy comienzo con esta nueva serie de newsletter que me hacen mucha ilusión y que van a hablar de la historia del dinero.

Y, sinceramente, lo hago por una razón.

Si quieres entender qué diablos es eso del Bitcoin, las criptomonedas, la inflación, el dinero digital, el dinero como tecnología o lo que está ocurriendo ahora mismo con nuestro sistema financiero y cómo puede cambiar la vida, primero tienes que entender que co** es el dinero.

No.

No hace falta estudiar una carrera de economía.

Ni hacer tres másteres del universo.

Y mucho menos memorizar fórmulas, ni entender que es el PIB, la política monetaria, ni todos esos palabros que tanto asustan y nos cortan la curiosidad y las ganas de saber.

Pero sí que creo que merece, y mucho, la pena conocer, aunque sea por encima -porque es una historia muy larga y apasionante- de dónde viene el dinero, cómo funciona y por qué acabamos usándolo y perdiéndonos en él como en los cantos de sirena.

Y es que, mis niños y mis niñas, estamos viviendo uno de los mayores cambios de nuestro sistema financiero.

Entender qué es el dinero siempre ha sido importante en nuestras vidas.

Pero hoy empieza a ser imperativo.

También para nuestra soberanía.

Así que comencemos.

Aunque una cosa antes de seguir.

No estoy empezando esta serie para convencerte de que el dinero es malo. Ni muchísimo menos.

Tampoco para decirte que Bitcoin va a salvarnos.

Ni para decirte que los bancos son el diablo personificado.

Tengo mis propias opiniones, por supuesto. Sería absurdo decir lo contrario.

Pero quiero hacer algo que me parece realmente más útil: enseñarte las piezas del juego para que tú lo juegues con más conocimiento.

Cómo nació el dinero.

Por qué unas cosas funcionaron como dinero y otras desaparecieron.

Cómo aparecieron los bancos.

Cómo se creó el dinero moderno.

Qué ocurrió con el oro.

Qué significa realmente que nuestro dinero sea fiduciario.

Cómo hemos terminado con dinero digital.

Y hacia dónde, según yo, parece que vamos.

Después de eso y como siempre, las conclusiones son tuyas.

Si al terminar piensas que todo esto es una maravilla, perfecto.

Si piensas que es una fantasía colectiva con brilli brilli y bastante ingeniería detrás, también.

Y si descubres que la realidad es bastante más compleja que cualquier de esas dos cosas, más una película de David Lynch, probablemente habremos aprendido algo.

Antes del dinero hubo cabras

Entre tantas cosas.

Imagina que, en uno de esos sinsentidos de scrollear reels como si no hubiera un mañana, un influencer de instagram -de esos que te habla de las líneas del tiempo y Mercurio retrógrado- consigue que saltes a una línea del tiempo en la que vives hace miles de años.

Tienes cuarenta cabras.

Tu vecino cultiva trigo.

Y resulta que tú necesitas trigo y él necesita una cabra.

Déjame decirte que acabas de hacer match con tu vecino.

Un dealer de 80 años, que no luce muy bien pero tiene una enorme sabiduría sobre la vida.

Y te propone hacer un trueque.

Algo de toda la vida.

Así que tú le das una cabra y él te da un saco de trigo.

Chim pun. Problema resuelto.

Así de sencillo.

Sin abogados.

Sin impuestos.

Sin la app de turno.

Tú y tu vecino.

El trueque ha existido en muchísimas sociedades y, de hecho, todavía existe.

¿Pero que pasa si no sólo quieres compartir con tu vecino, sino con muchas más personas?

Personas que ni siquiera conoces.

Que quizás ni hablan tu lengua.

Que producen otras cosas.

Y es que en una sociedad pequeña el truque funciona relativamente bien si intercambiamos bienes y servicios de forma directa.

Pero cuanto más grande y compleja es una economía, más difícil es que encuentres exactamente lo que necesitas en las manos de alguien que, además, quiera exactamente lo que tú tienes.

Y es aquí donde aparece uno de los problemas de base del trueque:

la doble coincidencia de necesidades.

Yo tengo algo que tú quieres.

Pero tú tienes que tener algo que yo quiera.

Si no…

no hay trato.

Como cuando ligas en la discoteca.

Igual.

Y entonces las cosas se complican.

Porque el problema no es solamente encontrar a alguien que quiera lo que tú tienes.

Hay, por lo menos, tres problemas más.

1. La escala

Imagina que tienes miles de libros y quieres comprar una casa.

Tu mercancía puede tener mucho valor.

Pero …

¿vas a pagar la casa con 20.000 libros?

Aunque el vendedor fuera un amante tipo Bonnie y Clyde de los libros y aceptara, seguramente habría otro problema:

¿Dónde los mete?

Y es que el bien que usas para intercambiar debería, también, poder ser divisible en cantidades diferentes.

No siempre quieres comprar una casa.

A veces quieres comprar un café (de especialidad como no).

Necesitas algo que funcione tanto para grandes intercambios (la inmobiliaria de tu barrio) como para pequeños intercambios (tu vecino el dealer).

2. El tiempo.

Ahora imagina que lo que tienes es perecedero.

Por ejemplo, tomates.

Que todavía no están de moda en Instagram.

Tienes tomates para cansarte y quieres cambiarlos por algo que conserve su valor durante años.

Un coche, por ejemplo.

El problema, en esta ocasión, es que quizás necesites unos seis meses para encontrar el intercambio correcto.

Y es que tus tomates son muy espirituales.

Conocen el concepto de impermanencia y tienen otro plan vital.

Pudrirse.

Así que necesitas algo que pueda conservarse y utilizarse para intercambiarlo más adelante.

3. El espacio.

Ahora vamos a rizar un poco más el rizo.

Tienes una casa en Las Palmas.

Quieres comprar una casa en Madrid.

Podrías probar suerte e intentar encontrar a alguien que tenga exactamante la casa que quieres y que, oh casualidad, quiere exactamente la tuya.

¿imposible?

Nop.

¿Práctico?

No mucho.

Es mucho más sencillo convertir tu casa en dinero y después convertir ese dinero en otra casa.

Y aquí empieza a aparecer la magia.

El dinero es un medio. No un fin.

Necesitamos algo que nos permita intercambiar valor sin que tengas que encontrar a la persona que quiera, exactamente, lo que tú tienes.

Un intermediario.

Un traductor.

Algo que todos estemos dispuestos a aceptar.

Y es aquí donde aparece una de las funciones fundamentales del dinero:

ser un medio de intercambio.

Yo te doy dinero.

Tú me das trigo.

El vecino dealer acepta mi dinero aunque no quiera libros.

El librero acepta mi dinero aunque no quiera una cabra.

Y el que vende la casa acepta mi dinero aunque tampoco quiera una cabra o tomates.

Y es que creamos una tecnología extraordinaria:

poder intercambiar con otras personas con las que no tenemos ninguna relación directa.

Y eso permite algo aún más importante:

La especialización

Yo puedo dedicarme a darte la chapa con mis newsletters.

Tú puedes cultivar trigo

Otra persona puede construir casas.

Otra puede programar.

Otra puede poner a caer de un burro a su ex en la tele.

Sí.

Por si no lo sabía, esto se paga.

Y muy bien, por cierto.

Todos podemos intercambiar nuestro trabajo utilizando algo que los demás acepten.

Esto último es muy importante.

Los demás tienen que quererlo.

Si no, mal asunto.

Una economía grande y compleja se vuelve posible.

Pero entonces ..

¿todo puede ser dinero?

Interesante y lógica pregunta.

Y es que es aquí donde empieza una de las partes más curiosas e interesantes de esta historia.

Porque prácticamente cualquier cosa puede funcionar como dinero …

si las personas están dispuestas a aceptarla.

A lo largo de la historia hemos utilizado:

oro, plata, cobre, conchas, sal, ganado, piedra, piedras preciosas, tabaco, cigarrillos, alcohol, papel, deuda, …

¿Recuerdas las enormes piedras de Yap de la que te hablé en la newsletter El dinero también habla klingon?.

Pues vuelven a aparecer en esta historia.

Porque el dinero no tiene por qué ser bonito.

Ni cuqui.

Ni pequeño.

Ni siquiera ideal o práctico.

Tiene que ser aceptado.

Pero algunas cosas funcionan mejor que otras.

Y aquí aparece una palabra curiosa.

Vendibilidad.

Un bien será más útil como dinero cuánto más fácil resulte intercambiarlo.

Aquí podemos volver a los tres problemas que te contaba al inicio.

Vendibilidad en diferentes escala

Que puedas usarlo tanto para comprar un café como para comprar una casa.

Vendibilidad en el espacio

Que puedas llevarlo contigo a todas partes y utilizarlo en diferentes lugares.

Vendibilidad en el tiempo

Que puedas conservarlo y usarlo más adelante sin que se marchite, es decir, sin que haya perdido todo su valor o utilidad.

Y me gustaría que te quedaras con esta idea porque nos va a acompañar durante toda esta serie de newsletters:

La forma de dinero que usamos no es necesariamente la mejor posible. Es la que, en un determinado momento, consigue funcionar mejor que sus alternativas.

Y esto significa que el dinero puede cambiar.

Es más.

Cambia constantemente.

Las conchas dejaron de ser dinero.

Las conchas marinas funcionaron perfectamente como dinero cuando eran relativamente “escasas”, fáciles de transportar y no perecían.

Pero si una nueva tecnología permite encontrarlas, transportarlas o producirlas mucho más fácilmente …

su escasez desaparece.

Y con ella puede desaparecer también parte de su utilidad como dinero.

Otro ejemplo son los cigarrillos en una prisión.

Pueden funcionar como medio de intercambio porque son relativamente escasos y fáciles de intercambiar.

Pero imagina que mañana un helicóptero soltara millones de cigarrillos sobre la prisión de turno.

Probablemente dejarían de ser un buen dinero.

Y aquí hay una idea muy importante:

la cantidad disponible de aquello que usamos como dinero importa.

Porque si algo que utilizamos como dinero puede aumentar muy rápidamente su cantidad, puede ser más difícil que conserve su valor.

Y aquí es donde la historia se empieza a poner interesante.

Porque…

¿te dice algo esto de que los gobiernos puedan aumentar la cantidad de dinero para salvar un banco, estimular la economía o financiar determinadas políticas?

No voy a entrar aún ahí.

Tenemos tiempo.

Porque precisamente de eso es de lo que vamos a hablar.

Y aquí vamos a parar por hoy.

Porque aquí comienza otra parte de la historia.

¿Qué ocurre cuando aquello que usamos como dinero deja de conservar su valor?

¿Qué pasa cuando aumenta demasiado su cantidad?

¿Por qué durante siglos usamos metales?

¿Por qué aparecieron los billetes?

¿Por qué un papel terminó siendo la representación de algo que en sus inicio no era ese papel?

¿Es posible que gran parte del dinero que utilizamos ni siquiera exista físicamente?

Y, finalmente …

¿qué tiene que ver todo esto con bitcoin y las criptomonedas?

De eso iré hablando en las próximas newsletters sobre el dinero.

porque antes de entender el dinero digital…

conviene entender el dinero.

Pero ya sabes:

No me creas. Compruébalo.



El Radar de Zeneida

Lo que se cuece.

El Banco Central Europeo acaba de actualizar sus datos sobre cómo pagamos.

Sorpresa: el 52% de las transacciones en comercios físicos de la zona euro todavía se hacen en efectivo.

En 2022 eran del 59%.

El efectivo baja. Los pagos digitales suben.

Quizás todavía creas que el dinero es solo “cosa de ricos”.

Pero déjame decirte que no.

Es cosa de TODOS.

Y el cambio ya está aquí.

Fuente: Banco Central Europeo, SPACE 2024 – Nota de prensa



Mundo curioso

Cosas que existen y que igual no sabías.

En la antigüedad, como hemos visto, el dinero podía ser conchas, sal, ganado o piedras como las de Yap.

Lo curioso es que ninguna de esas cosas tenía un valor “mágico”.

Funcionaba como dinero porque la gente confiaba en que los demás las aceptarían.

Tu billete de 10€ tampoco tiene un valor especial por ser un billete de 10€.

Vale porque tú lconfías en que otros lo aceptarán.

Y porque yo también.

Y porque sabemos que mañana alguien más lo aceptará.

Eso es dinero



Del Klingon al Humano (La Píldora Práctica)

Un reto para los próximos siete días.

Esta semana, un experimento simple.

Anota todos los pagos que haces durante 3 días.

– ¿Cuántos son físicos -efectivo, monedas-?
– ¿Cuántos son digitales -tarjeta, móvil-?
– Al final de los tres días, pregúntate si fuiste capaz de saber cuánto dinero gastaste.

Observa.

No juzgues.

Solo mira.

La mayoría descubre que ya no usan efectivo y que no controlan muy bien el gasto.

Y eso, mis niños y mis niñas, es importante entenderlo.



Cacharreo de la Semana

Herramientas “chachi que sí” probadas por servidora.

Coge una moneda de 1€.

Ahora imagina que viajas a una país donde nadie la acepta.

La moneda sigue siento exactamente la misma.

Pero allí no puedes comprar ni un café.

¿Ha perdido su valor o ha cambiado el sistema?

Piénsalo.

Porque quizás el dinero tenga menos que ver con lo que tienes en la mano y mucho más con el acuerdo que existe alrededor de ello.

Nos leemos el próximo domingo a las 20:20.

La próxima semana: cacharreamos de nuevo con alguna herramienta.

Quizás dé alguna pincelada de Notebook o quizás alguna de ChatGPT.

A ver qué me dice el eclipse y, según me diga, les cuento 😉

Si algo de esto te removió por dentro (para bien o para mal), responde a este correo. Te leeré.

Ya sabes: no me creas. Compruébalo.

Porque la soberanía digital no consiste en pensar como yo. Consiste en aprender a pensar por ti.

Zeneida

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